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Yin Yoga, el lado B de la disciplina del yoga

La mayoría de las formas de yoga que conocemos son dinámicas, prácticas, activas y destinadas a trabajar solo la mitad de nuestro cuerpo, la parte muscular, los tejidos yang.

Yin yoga es la otra mitad de la práctica. Nos permite trabajar los tejidos yin, es decir, los tejidos más profundos como los ligamentos, articulaciones, redes fasciales, hasta incluso los huesos.

Yin yoga actúa sobre las personas brindando beneficios físicos, emocionales, mentales, energéticos e incluso hasta espirituales.

Esta práctica puede tener las mismas intenciones, objetivos o metas que cualquier práctica de yoga; descubriendo la intención personal de por qué y para qué practicar cada asana a medida que se avanza en la práctica.

Es una práctica basada en la filosofía tántrica y taoísta, los pioneros de esta práctica de naturaleza pasiva e introspectiva son Paul y Suzee Grilley.

En yin el foco está en los tejidos conectivos, que son el sostén de nuestro cuerpo. Para llegar a ellos, los músculos deben estar relajados permitiendo el acceso a esas capas más profundas. Es necesaria la quietud en la permanencia de cada asana para poder llegar a este objetivo, la plena atención e intención en el aquí y el ahora, en el momento presente; pues “hacia dónde va la intención, va la conciencia y donde va la conciencia, va la energía”.

En yin yoga el tiempo de permanencia en cada postura es la llave fundamental para acceder a los beneficios.

Suele confundirse este estilo con el yoga restaurativo, en donde el foco está en la relajación. En la práctica yin, si bien puede restaurar/aliviar, el foco no es la relajación sino el propósito de estimular el flujo de energía utilizando un stress moderado (tensión) en los tejidos. Se aplica presión (torsión/compresión/extensión) a través de los meridianos del área marcada, utilizando para ello la asana sugerida; llevando la respiración y moviendo la conciencia a esa zona indicada.

De esta manera se puede llegar a los tejidos más profundos, teniendo presente que, al no ser yoga restaurativo, si hay lesiones preexistentes a la práctica yin, es importante prestar especial atención primero en sanar esos tejidos dañados antes de ejercitar o evitar las posturas que puedan agravar el estado del cuerpo.

Los tres tattvas o principios de la práctica yin son:

1-Entrar en la postura en la profundidad apropiada, es decir no ir a lo profundo de golpe sino de a poco. Empezar en el punto de resistencia del cuerpo, permanecer allí y a medida que el cuerpo se relaja con el paso del tiempo, profundizar. Esto supone una apertura y flexibilidad (corporal y mental) que propicia la oportunidad de ganar sabiduría. Ir más lejos de los límites es una señal de ego, permanecer donde se está es abrazar la energía yin.

2-Mantenerse en total quietud, sin importar lo que aflore en la mente o en las sensaciones del cuerpo. Solo podremos movernos si hay dolor o resistencia para permanecer o cuando el cuerpo está abierto y nos invita armónicamente a ir más profundo. La inmovilidad tendería a lograr inactividad y relajación muscular para llegar a la profundidad yin que deseamos. Esta quietud lleva a calmar la respiración que se torna regular, lenta, profunda, natural y sin esfuerzos. Se suele utilizar respiración ujjayi para activar el fuego interno ya que es una práctica fría y mayormente estática. Cuando la respiración se aquieta, la profundidad de la quietud aflora propiciando también la quietud de la mente.

3-Sostener la postura en el tiempo. Una vez que se llega al límite de tolerancia, todo lo que se debe hacer es estar presente. Los tejidos yin no son elásticos, más bien son plásticos, por eso necesitan de la estimulación a través de la permanencia en una adecuada cantidad de tiempo. Las posturas yin se sostienen al menos por 1 minuto en principiantes y llegan a sostenerse hasta 20 minutos para practicantes avanzados, esto es relativo según cada quien. En yin yoga es la presión suave y prolongada la que hace que los tejidos se fortalezcan.

En principio algunos practicantes pueden encontrar a este estilo de yoga como aburrido, pasivo o suave.

Yin yoga es sencillo, pero no quiere decir que sea fácil. Al ser una especie de meditación activa, en la cual tenemos la oportunidad de ver cara a cara nuestras profundidades, se torna una práctica sumamente desafiante.

En esta práctica no hay alineación, es una práctica mayormente intuitiva que nos desafía a conocernos profundamente en nuestros límites y según nuestra conciencia corporal, mental y emocional.

Cuando practicar yin yoga:

-cuando los músculos están fríos

-temprano a la mañana

-tarde a la noche antes de dormir

-antes de una práctica yang

-cuando la vida se vuelve muy frenética

-luego de un largo viaje

-en el ciclo menstrual femenino

 

Beneficios físicos de la práctica yin:

-trabaja sobre las articulaciones y las hidrata, favoreciendo de la creación de colágeno a través de la estimulación de los fibroblastos. El colágeno da estabilidad a las articulaciones. Con la fascia hace lo mismo, fortaleciéndola y desbloquea los canales energéticos, llamados nadis, favoreciendo la eliminación de las toxinas (tanto físicas como energéticas)

Si me preguntas a mi que fue lo que sentí la primera vez que hice yin yoga, te cuento: quietud en la incomodidad, dolor intenso/profundo, quietud en ese dolor, observación de mi misma, permanencia en el caos, resistencia en la extensión de mi cuerpo, foco/determinación, equilibrio en el desequilibrio, movimiento interno/externo, relajación, emoción, meditación activa, despojo.

 

Lo recomiendo para atravesar duelos, crisis, búsquedas internas-personales e introspectivas, mayor flexibilidad mental y corporal, conexión profunda entre cuerpo-mente-Alma.

Lo recomiendo como complemento de cualquier práctica yang y para la vida misma, porque yin y yang forman parte de la vida misma.

Namaste

Noe Solana

Prof. de Hatha y Yin Yoga

Instructora en Meditación

Terapista Menstrual

Masajista Ayurvedica

Contacto: 011-6290-0768

IG@mamadevaom

IG @energiauteral

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